Diccionario del Perreo · Las 149 palabras
Pariguayo
Persona que carece de astucia y destreza social; ingenua, torpe y ridícula.
Origen
Este palabreo nació de algo muy culero: la ocupación gringa en República Dominicana de 1916 a 1924. La cosa es que en esos ocho años de intervención, los yankees caían a las fiestas locales de merengue, pero muchos ni se movían; se quedaban ahí parados, como pendejos, solo viendo: los llamaban con desprecio Party Watchers. Los tigueres de República Dominicana dominicanizaron el flow: Party Watcher cambió a pariguayo. Una cicatriz del imperialismo que terminó siendo uno de los insultos más pega’os del patio.
¿Y cómo se usa?
Esta palabra es el fulete que usas pa sentenciar al que hace el ridículo por no estar a la altura. Se tira pa insultar al tímido, al ingenuo del corillo. En el reggaetón y el dembow sirve pa marcar distancia: tú eres el tiguere que corona y el otro es el pariguayo que se queda mirando. Es para humillar al rival en una tira’era, diciéndole que es un cero a la izquierda, que no sabe de calle. También se usa entre panas pa avisar: “No seas pariguayo y tírale a esa morra”, traducción: No seas cobarde. O sea, se usa pa todo hombre que no sepa ser “hombre”, según los machos hiper-hombres que creen que sí saben qué diablos significa eso.
Óscar Wao
Óscar Wao es el santo de los desamparados. Nacido de la pluma de Junot Díaz en su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, es to’o lo contrario del tiguere dominicano. Mientras el barrio exige que seas un “macho alfa” que corone con todas las mamisongas y camine con el corte de quien es dueño de la acera, Óscar es un pariguayo, un “nerdo” que vive entre libros de ciencia ficción y sueños de amor que nunca cuajan. La historia de Óscar es sobre ese dolor. ¿Qué pasa cuando eres dominicano pero no sabes ser un tiguere? Óscar carga con el fukú (maldición ancestral) de no encajar en el tipo de tiguere violento y con labia que se supone debe de ser. Nel, él no sabe guayar, ni tirar cotorra, pero tiene un cora’ que siente más que nadie. Su vida, al chile, nos hace pensar sobre la presión de ser “hombre” en una cultura que te mide por cuántas chiviricas tienes y qué tan duro suena tu glopeta.
De pariguayo a palomo
El palabreo pariguayo, ya te la sabes porque te la acabo de tirar, es Party Watcher, el bobolón que solo mira: un estado de inocencia o torpeza. Pero el palomo... ¡ay, el palomo! Este otro palabreo es para el que ya se pasó de la raya. El palomo es el que se deja engañar por una cotorra barata, el que gasta sus chavos en una gata que ni le da la hora, el que no tiene ficha ni respeto porque él mismo se puso en bandeja de plata. En el perreo de hoy, si te dicen pariguayo te están diciendo que te falta calle, pero si te dicen palomo, te están diciendo que no tienes salvación. ¡El que pueda, que soporte, porque ser un palomo es uno de los papeles más culeros que te puedan tocar!
Suena en
- El Alfa, “Recogelo”