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El Aletz

Escritor. Aprendiz de boxeador.
Bellako onírico. Punk imaginal.

Blog 5 de agosto · 3 min

Mi nueva vida

Por fin los ruidos se detienen. Son las dos de la mañana y me acabo de parar de la cama parano despertar a Lydia con mi tos. Probablemente nadie de ustedes sepa quien es Lydia, ni que hace ahora en este blog. Yo, hasta hace cuatro meses no sabía quien era ella y ahora duerme en la cama de la habitación de nuestra pequeña casa en la colonia postal...<a class="continue-reading-sm" href=" https://www.diariodeunchicotrabajador.com/2011/08/mi-nueva-vida/"/>sigue leyendo</a>

Por fin los ruidos se detienen. Son las dos de la mañana y me acabo de parar de la cama para no despertar a Lydia con mi tos. Probablemente nadie de ustedes sepa quien es Lydia, ni que hace ahora en este blog. Yo, hasta hace cuatro meses, tampoco sabía quien era ella y ahora duerme en la cama de la habitación de nuestra pequeña casa en la colonia postal. Así que escribo desde una nueva vida: estoy montando mi propio negocio de páginas web (www.sitiosguau.com: renuncié hace muy poco a mi puesto fijo en la empresa de una amiga ¡no más oficinas!), estoy enamorado de Lydia, sigo escribiendo mi novela sobre un fanático obsesionado con Bob Dylan, voy a ser papá y, por si fuera poco, tengo (tenemos Lydia y yo) un pequeño perro de una raza que hubiera jurado nunca tener, un Chihuahua llamado Tochi (es la miniatura más chiquita del mundo: ¡sus dientecitos y sus garritas son casi inconcebibles!).

Hasta antes de esos cuatro meses no hubiera podido pensar en esto. Debe ser porque en mucho otros momentos había pensado demasiado y nunca había pasado nada: enamorarme así, encontrar a alguien como a ella,  dedicarme a lo que quiero sin jefes, sin horarios de oficina, con tiempo para detenerme a mitad del trabajo y salir al parque, fumarme un cigarro en una banca mientras me tomo un café turco.  Estar contento, bien. Y con contento y bien quiero decir estar y sentir todo; la tristeza de las mañanas que se repiten, la ternura de Lydia cuando cuando abre sus ojos preciosos y gigantes y me canta la canción de plaza sésamo que dice “quiero un monstruo que sea mi amigo” y luego hace su boquita para abajo, como imitando a un huron regañado; la culpa que se me sigue pegando al brazo derecho y que, aunque es tan vieja y tan rancia, sigue teniendo fuerzas para confundirme y para hacerme creer que estoy haciendo todo mal, que sigo siendo un niño, que estoy confiando demasiado en mí; la alegria de subirme a la azotea y fumarme, yo solito, un cigarro mientras escucho a Bob Dylan y hace frío y estoy simplemente maravillado de estar aquí y poder ver esos edificios y ver las figuras del humo entre el aire frío; la sensación de equivocarme de nuevo, y de la ambición estancada, reluciendo en cosas mínimas, ridículas (bajar más sets de iconos gratis o de texturas gratis para las páginas web); el calor y el recuerdo de mis papás y yo de bebé, que vuelve a venir cuando acaricio la panza de Lydia en la que mi nutria milimétrica crece  y los dos le hablamos, le decimos que lo queremos muchisísimo (¡ya, sin conocerl@ todavía!) y que l@ esperamos nerviosos, afortunados, sonrientes, miedosos, listos.

Escribo desde mi nueva vida, con la tos prensada en mi garganta como una garrapata. Escribo tranquilo, sin ansias, esperando tener los ojos bien abiertos en lo que sigue, y seguir sintiendo, o sentir todavía más, si se puede.

Pásalo Si te sirvió, muévelo
Escribió ElAletz Escritor. Aprendiz de boxeador. Bellako onírico. Punk imaginal.
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