La señora trude
Hace mucho tiempo vivía una niña obstinada y preguntona; desobedecía cualquier cosa que le dijeran sus padres, no le hacía caso a nadie. Un día la niña les dijo a su papás: "He escuchado hablar de la señora Trude muchas veces y tengo ganas de ir con ella. Me dijeron que la señora Trude es muy extraña y tiene muchas cosas raras. No puedo quedarme tranquila si no visito esa casa, necesito ir para satisfacer mi curiosidad"...<a class="continue-reading-sm" href="https://www.diariodeunchicotrabajador.com/2010/04/la-senora-trude/"/>sigue leyendo</a>
Esta semana un cuento de los hermanos Grimm.
LA SEÑORA TRUDE
Hace mucho tiempo vivía una niña obstinada y preguntona; desobedecía cualquier cosa que le dijeran sus padres, no le hacía caso a nadie.
Un día la niña les dijo a su papás: “He escuchado hablar de la señora Trude muchas veces y tengo ganas de ir con ella. Me dijeron que la señora Trude es muy extraña y tiene muchas cosas raras. No puedo quedarme tranquila si no visito esa casa, necesito ir para satisfacer mi curiosidad”.
Sus padres respondieron muy alterados y se lo prohibieron diciéndole: “La mujer Trude es una mujer mala y hace cosas extrañas. Si vas con ella te desconoceremos como nuestra hija”.
Pero la niña no hizo caso a sus padres y fue a la casa de la señora Trude.
La señora Trude vio llegar a la niña y le preguntó: “¿Qué te pasa, por qué estás pálida?”
La niña contestó temblando: “Vi algo que me dio mucho miedo”.
-¿Qué viste?
-Había un hombre negro en las escaleras
-Tan sólo era un carbonero
-También vi a una persona verde
-Era un cazador
-Luego vi a una persona roja como la sangre
-Era un carnicero
-¡Ah!, señora Trude, cuando me asomé por la ventana me dieron escalofríos porque vi a un diablo al que se le estaba quemando la cabeza y no a una señora.
La señora Trude contestó: “Ahora entiendo, tú viste a la bruja tal como es. Te estaba esperando y deseando desde hace mucho tiempo. Ahora tú me darás algo de luz”.
Dicho esto, la señora Trude transformó a la niña en un palo de madera y la arrojó al fuego. Mientras el palo de madera ardía resplandeciente, la señora Trude se sentó cerca del fuego para calentarse y exclamo: “Qué luminoso, qué luminoso”