Cómics, poesía y masturbación
Otra vez el tema de las chaquetas, las manuelas, las chairas, las pajas, las masturbación, vuelve otra vez a mi cabeza. Todo porque ayer en la noche leía el librazo de Peter Kuper, No te olvides de Recordar, una novela gráfica de finales del siglo pasado y, casi al final, hay un capítulo que Peter…
Otra vez el tema de las chaquetas, las manuelas, las chairas, las pajas, las masturbación, vuelve otra vez a mi cabeza. Todo porque ayer en la noche leía el librazo de Peter Kuper, No te olvides de Recordar, una novela gráfica de finales del siglo pasado y, casi al final, hay un capítulo que Peter dedica a las chaquetas, a algunas de las que se ha hecho en su vida y a la que se está haciendo en ese momento mientras su esposa ronca a su lado. Y es que es cierto lo que dice Peter, la chaqueta nos ha acompañado y nos acompañará alo largo de neustras vidas, sin importar si estamos casados, cuantos hijos tenemos o lo viejitos que seamos (bueno, tal vez si somos muy muy viejito, no).

La cosa es que mientras lo leía (bueno, claro, además de darme ganas de hacerme una chaquetotototototota) me acordé de esté poema que escribí hace un par de años, y que rinde tributo a todas las veces que me he masturbado en la vida.

Y ¿ustedes? tiernas damas y amables caballeros, ¿qué tanto se masturban, cómo fue la primera vez que lo hicieron? Cuéntenlo aquí abajo en los comentarios, no sea penen, no sean así, aunque sea compártanlo como incógnitos.