Concurso Dylaniano
Creo que algunos ya saben que estoy escribiendo una novela donde el personaje principal es un fanático obsesivo de Bob. Muy muy obsesivo. Mucho más que yo. Tanto que seguro le daría vergüenza que nos vieran juntos. Además de la historia, intercalado entre algunos capítulos, habrá ilustraciones del maestro y (esta es la parte buena)……
Creo que algunos ya saben que estoy escribiendo una novela donde el personaje principal es un fanático obsesivo de Bob. Muy muy obsesivo. Mucho más que yo. Tanto que seguro le daría vergüenza que nos vieran juntos.
Además de la historia, intercalado entre algunos capítulos, habrá ilustraciones del maestro y (esta es la parte buena)… poemas y cuentos sobre el rey de Duluth.
Bueno, la cosa es que la novela (el primer borrador, por lo menos) ya casi está terminada y quiero empezar a escoger los cuentos y poemas que aparecerán en ella. Por esto y también, porque no, por el lanzamiento de Temptest, el último disco de Bob, estoy organizando el siguiente concurso.
CONCURSO DYLANIANO
Bases:
- Escribir un cuento corto (máximo 2 páginas) o un poema sobre Bob Dylan, o inspirado en una de sus canciones, pasajes de su vida, etc etc.
- El concurso se cierra el último día de septiembre
- Para participar, sólo tienen que pegar su cuento o poema en los comentarios de esta entrada o mandarlos a alejandro@sitiosguau.com
- Yo y sólo yo (bueno, tal vez con la ayuda de algún amigo) seré el juez del concurso
- Los derechos, por supuesto, serán siempre del autor del cuento o poema, y recibirán, si es que se vende alguna copia de la futura novela, las regalías correspondientes
- Una vez que se digan los ganadores y las obras que estoy interesado aparezcan en la novela, pediré la autorización del autor para incluirla en el libro.
- Pueden publicar todos los cuentos y poemas que quieran.
- Si hay algo importante que esté dejando fuera, lo resolveré en el momento.
Premios
Para el primer lugar de cuento:
- El libro “Bob Dylan in America” de Sean Wilentz. Pasta dura. Nuevo.
- Mi colección de covers, conciertos y canciones raras de Dylan para bajarla en descarga directa en varios links. (¡es muy muy grande, muchos GB!)
Para el primer lugar del poema:
- El libro “Revolution in the Air” de Clinton Heylin. Pasta dura. Nuevo.
- Mi colección de covers, conciertos y canciones raras de Dylan para bajarla en descarga directa en varios links. (¡es muy muy grande, muchos GB!)
Para todos los que participen
- Mi colección de covers, conciertos y canciones raras de Dylan para bajarla en descarga directa en varios links. (¡es muy muy grande, muchos GB!)
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Mi vida se llama Bob Dylan
Hay senderos que son una respuesta al bosque,
hay palomas que mueven los mares de la luna,
hay palabras que corren por la piel como ríos,
porque existe Bob Dylan.
Hay huellas donde pueden leerse los desiertos
hay mujeres que sueñan con pirámides rojas,
hay canciones que tallan dioses en nuestro oído
porque existe Bob Dylan.
Hay jinetes que huyen con el sol en los ojos,
hay corazones tristes donde muere un océano,
hay caballos que agitan un polvo de otro mundo
porque existe Bob Dylan.
Hay hombres que transforman los sueños en dianas,
hay demonios ocultos en la hoja del cuchillo,
hay versos subterráneos en los papeles rotos
porque existe Bob Dylan.
Hay mañanas y noches
porque existe Bob Dylan.
Hay planetas y oxígeno
porque existe Bob Dylan.
Hay veranos e inviernos
porque existe Bob Dylan.
Porque existe Bob Dylan
hay fruta y hay leones.
Porque existe Bob Dylan
hay silencio y mercurio.
Porque existe Bob Dylan
hay antes y hay después.
Yo nunca he estado solo
porque existe Bob Dylan.
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Working Man’s Blues #2
Meet me at the bottom, don’t lag behind
Bring me my boots and shoes
You can hang back or fight your best on the front line
Sing a little bit of these workingman’s blues
Bob Dylan en Working Man’s Blues # 2
Las lágrimas escurren por mis mejillas, despacio, como los recuerdos de tiempos felices.
Sentado en mi silla bajo el sol, miro los campos infinitos, verdes. Veo mi vida como un tren con cientos de vagones y dentro de cada uno el amor, la desesperación, la ternura y la tristeza.
Veo a la máquina pitar, avanzar sobre los campos echando humo enloquecida. Los minutos que he vivido, mis recuerdos y la gente que amo, se tambalean dentro del tren; pedazos de terror, de miedo; pedazos de melancolía, de incertidumbre, de dudas y desilusiones. Pero sobre todo, y me sorprende darme cuenta ahora que estoy muriendo, hay miles y miles de pedazos de amor corriendo contentos entre los vagones, en el comedor, asomándose por las ventanas. ¡Cómo! Estos últimos años llegué a la conclusión de que mi vida no había sido más que un sacó de desesperación, de dolor, de arrepentimiento y soledad. Y en parte es verdad, puedo ver que esos momentos, como sombras, van también en el tren, ¡pero ahora me parecen insignificantes! Los recuerdos dolorosos se esconden espantados en las penumbras de la máquina, perplejos, aterrorizados por la alegría de los que toman vino y ríen, de los que festejan por haberlo logrado, por haber llegado a este momento.
Sonrío. El sol me entibia y sonrío.
El Tren, justo ahora, pasa a mi lado. Sin pensarlo me subo. Me sirvo una copa y brindo con los pasajeros, emocionado: por haberlo intentado, por haberme equivocado tantas veces, por haber vivido tanto tiempo en este mundo. Estoy contento y un sentimiento de gratitud me abraza, tan fuerte, que me corta la respiración.
Veo entre la fiesta los ojos de mi papá, ahora alegres, después de haber estado tristes durante años. Cuando era niño vi esos ojos mientras me pegaba y me parecieron fríos y salvajes. Ahora los veo más claramente: perdidos, llenos de amor e impotencia. Veo los brazos enormes de mi mamá brillando bajo el sol de los campos de algodón donde crecí, y escucho su voz, cantando, arrastrando las palabras más allá del cansancio y las largas jornadas de trabajo… Veo a mi hermano, vestido de gala, sonriendo aquella noche cuando me llevó al prostíbulo. Veo a las putas y vuelvo a sentir el miedo y sus olores y sus cuerpos pesados y sudorosos… Oigo otra vez la respiración asmática de mi mujer recorrer el cuarto en que dormíamos, recuerdo mi preocupación y cómo su pecho subía y bajaba en medio de la noche.
Camino entre los borrachos, los alegres locos que festejan en los vagones. Me sirven más vino, se aprietan unos contra otros, me suben en hombros y gritan mi nombre, me agradecen, me besan.
A mi lado pasa corriendo mi hijo de nueve años, como aquella mañana cuando lo sorprendí robando de mi pantalón para comprar estampillas. Lo abrazo, por fin, después de tanto tiempo, desde la última vez que lo abracé, cuando ya estaba muerto después de haberlo sacado del río.
El ruido de una armónica llena los carros del ferrocarril, se mete entre el griterío y la euforia de mis amigos. ¡Ah! ¿Pero quién esta ahí? ¡Mi amigo! ¡La piel más oscura bajo el cielo! ¡Mi amigo! Lo abrazo y él me dice, riendo: “lo ves, te dije que todo saldría bien”. Tiene la misma ropa que llevaba aquella mañana después del accidente. Puedo ver sus manos que entonces sostuvieron mi cabeza y me dieron de beber agua mientras esperábamos la ayuda.
Este sitio se ha vuelto una locura: ¡cantamos, brincamos de un lado a otro!
Mi tío se sienta al piano, ¡qué talento! Aporrea la teclas y mientras la locura inunda el aire, veo, a través de las ventanas, que el tren se dirige a toda velocidad hacía el costado de una montaña. Ahí, en sus paredes de roca, los colores y los sonidos del mundo desaparecen. No tengo miedo. Quiero agradecerles a todos y lo hago antes de que la máquina se funda en la oscuridad: gracias, gracias por cuidar de mí, gracias por todo.