Grillos
El jardín está lleno de grillos; salgo a pasear con cuidado para no aplastarlos. Sus patas delicadas, casi transparentes, saltan sobre los autos, los pantalones de la gente hasta que aparecen, nadie sabe cómo, dentro de un departamento en el quinto piso de un edificio. Antes de dormir, con la cabeza llena sus cantos metálicos, me acuerdo de este poema...<a class="continue-reading-sm" href="https://www.diariodeunchicotrabajador.com/2010/08/grillos/"/>sigue leyendo</a>
El jardín está repleto de grillos; salgo a pasear con cuidado para no aplastarlos. Sus patas delicadas, casi transparentes, saltan sobre los autos, los pantalones de la gente hasta que aparecen, nadie sabe cómo, dentro de un departamento en el quinto piso de un edificio.
Antes de dormir, con la cabeza llena de sus cantos metálicos, me acuerdo de este poema.
Pausas II
No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.
Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.
Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.
La buena gente piensa
-sin embargo-
que canta una cajita
de música en la hierba.
(Canciones para cantar en las barcas)
José Gorostiza.