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8 de diciembre, César Gándara en Poetripados
Mona, caguama y perreo,
mona caguama y perreo.
Que viva San Judas Tadeo.
(Escuchado en la calle)
Imagina una colonia cualquiera de las periferias en la Ciudad de México. La Once de mayo, en la delegación Chimalistacoatl, por ejemplo. Una colonia a la orilla de la carretera donde pasan las combis a toda velocidad y ya se han quebrado a varias abuelitas. En esa colonia, en uno de los depas de la Invi, hay una habitación por donde la oscuridad desciende hasta encontrar una rendija de luz. Sobre el fuego de la estufa baila una morrita desnuda, morena de cabello largo, es la tentación andando y te invita a que te acerques. Este es el alucín de la Bellakita, una morra de diecisiete años, sin oficio ni beneficio, que comienza a tener visiones. Algo la llama, algo muy profundo y espiritual. Pero la Bellakita lo rechaza, porque ella no está acostumbrada a esas ondas. Ella puro perreo, reguetón y bailar hasta que se le raspen las rodillas. Sus únicas broncas son sobrevivir, evitar a su madre a quien le tiene un profundo rencor y disfrutar de la mona y de las aguas locas.
En medio de fiestas y peleas campales con su pandilla, los Boster Killers, la Bellakita se cotorrea y convive con su amigo el Monozo, quien siempre la cuida y la lleva a la iglesia de san Hipólito, allá por metro Hidalgo, a venerar a San Juditas. También tiene que padecer a la Bellakona, su dizque amiga que siempre la está metiendo en broncas, y tratando de obligarla a que pierda su virginidad con cualquier cabrón. Pero la Bellakita no sabe lo que quiere, sólo sabe que un corazón pequeñito que le cabe en la mano sigue latiendo. Y despierta cada mañana a un lado de su «mai», su jefita, y comprende que se tiene que ir de ahí. Y es entonces cuando comienza el viaje, porque de una manera inexplicable ella es la elegida para bajar al inframundo, seducida por Lucifer —también conocido como el Michi— y protegida por San Judas. Y ahí, en el blinblineo tiene un arrebato que la lleva a esa otra realidad, entre varios círculos del infierno, ríos que se atraviesan sobre perros, intentando volver a su mundo ordinario y encontrándose allá abajo con mascotas de antaño, su «pai», la memoria de momentos felices que tuvo con su madre y un verdadero infierno que es más cruel que lo que en tus peores pesadillas habrías podido imaginar. Sólo hay una salida, y es tomar el metro que conecta el infierno con la Chimalistacoatl. ¿Lo Logrará?
La Bellakita es una novela de Alejandro Carrillo que mezcla lenguaje puerotriqueño, con chilango, inglés y onomatopeyas. También está llena de palabras del náhuatl, o que suenan a náhuatl. Es un viaje, un alucín y una novela de lenguaje. El ritmo y las imágenes van pegaditas, embarrándose, cachondeándose y faltándose el respeto bien machín. La Bellakita tiene que salir de la Chinampa original, primigenea y el mundo de lo prehisipánico para volver a su casa: El verdadero infierno, aunque ella no lo sepa. Y para esto tiene que reencontrarse con su pai, y derribar tabús y fronteras morales que conocemos como sociedad. Pasan unas cosas bien densas, pero estamos en el infierno, ¿cómo podría ser de otra manera?
Alejandro Carrillo, mejor conocido como el Aletz, es el creador de Tinta chida una escuela de escritura pa la banda. También es la cabeza del grupo de lectura Pandilla de lectores, y del taller Pelea y escribe, donde aprenden a escribir mientras toman clases de box y se agarran a chingadazos. Combina vida y escritura y se preocupa por acercar a nuevos escritores que rompen con la idea de los fulanos del saco de pana y parches en los codos. También tiene otra novela, Adiós a Dylan, con la que ganó el premio Mauricio Achar de primera novela. En La Bellakita acompañamos a una morrita que tiene que bregar con una rabia culera, negra y roja que le arde. Y ella no entiende pa qué vergas quiere eso, pa qué sigue de pinche necia si cada vez que trata de seguir adelante la vida le azota la puerta en la jeta y le dice “tú no entras, perra tú no cabes aquí”.
27 de octubre en La Jornada Estado de México

https://lajornadaestadodemexico.com/la-bellakita-el-viaje-mitico-de-una-diosa-reguetonera
Angélica Ruiz
Octubre 27, 2025
La Bellakita (Saltodepágina), de Alejandro Carrillo, El Aletz, es una novela provocadora, irónica y de humor negro que recupera el argot reguetonero para dar voz a una protagonista inolvidable.
Ambientada entre el perreo, las monas y los vagones del metro, la obra narra un viaje de transformación en el que la Bellakita, una morrita san judera y chaka de 16 años, se enfrenta a su madre y al dolor, conectando con su propio flow en un mundo dominado por lo masculino.
Carrillo fusiona el español de los combos reguetoneros de la Ciudad de México de 2015 con el palabreo puertorriqueño, creando un lenguaje crudo y palpable.
Al cuestionarle cómo nace un personaje tan femenino e irreverente, Carrillo desmitifica la idea de imitar la experiencia de una mujer.
Con una honestidad refrescante, explica que escribió a La Bellakita desde su parte femenina, entendiendo la novela como “el viaje de lo femenino en mí”. Esta conexión íntima hizo que la escritura fluyera libremente, sin intentar reproducir una experiencia ajena.
La inspiración inicial provino de una imagen vívida: “una morrita con una bocina en el un vagón del metro vendiendo discos.” Esa semilla se expandió, alimentada por la inmersión de El Aletz en la cultura de los combos reguetoneros de 2015.
El autor confiesa que parte del personaje es “muy parecida a mí en ciertas cosas, en sentirme a lo mejor en muchos momentos de la vida que no pertenezco, que no tengo un lugar”.
El lenguaje del dembow, una crítica al clasismo literario
Alejandro Carrillo forja un lenguaje donde el lector no lee, sino escucha hablar a la Bellakita. Para él, el interés por la literatura reside en lo oral y sonoro, rechazando la separación clasista que define qué tipo de lenguaje es o no “literario”.
“Casi siempre esa separación es una separación que tiene que ver más con el clasismo y con quién tiene el capital cultural para decir qué es lo literario,” sentencia. La mezcla de dialectos en la novela —reguetón mexicano y caló puertorriqueño— es, de hecho, intencional y posee un “sentido simbólico”.
La música, como hilo conductor
En La Bellakita, la música es un hilo conductor, casi un personaje. El reguetón, un género que el autor aprendió a amar en el proceso, funciona como la “llamada de los dioses” que embarca a la protagonista en un viaje urbano-mítico. Acompañada de San Judas Tadeo, la Bellakita desciende a un Mictlán donde lo oscuro y lo luminoso se encuentran en un cumbiatón místico.
La trama es fundamentalmente una historia de iniciación, la travesía de la Bellakita “con su mamá y también consigo misma”, en un camino para “convertirse en diosa, literalmente… es el trascender incluso lo humano y conectarse con una forma mucho más trascendente con lo sagrado, con la luz.”
Este proyecto fue transformador para el autor, quien dedica el libro a su ánima (el concepto junguiano de la imagen de lo femenino en el hombre), confirmando la naturaleza liberadora del proceso.
El libro, que no concede y es auténtico, ha tenido un excelente recibimiento. Para la experiencia completa, El Aletz regala a sus lectores un playlist con las canciones mencionadas y un soundtrack original compuesto por él.
“Yo escribí las letras y ahora con estas maravillas de la inteligencia artificial pude crear los beats, ponerle la música y todo,” explica Carrillo, revelando su sueño de rockstar.
Estas rolas, que hablan de los personajes, están disponibles para acompañar la lectura en www.elaletz.com/labellakita.
La música es central en la vida y obra del autor, como lo demuestran sus trabajos anteriores (Adiós a Dylan de rock o un cuento de salsa), pues fluye con la cadencia de cada género. Con La Bellakita, el acercamiento al reguetón y el cumbiatón fue un “súper agasajo”, confiesa.
La Bellakita se prepara para una serie de presentaciones en Ciudad de México, buscando llevar pronto el dembow literario al Estado de México e Hidalgo.